Pues si, en Ameca Jal., terminé la primaria. Ahí cursé quinto y sexto años.
El director de la escuela "Mariano Bárcenas" era el Profesor José Ma. Iglesias Robles, nacido en Guachinango Jal., y que tiempo después fué diputado.
Hombre rechoncho, muy güero, de rostro sanguíneo y nariz ancha apericada, pelo rubio lacio abundante y rebelde, vestido con trajes preferentemente de color verde, pero siempre discretos y a mi entender, elegantes. Muy exigente con los maestros a los que demandaba puntualidad y dedicación y a nosotros los alumnos, constancia, orden y limpieza.
Mi maestra de quinto año se llamaba Luz Naranjo.
Era más bien bajita sin llegar a chaparra, de piel achocolatada con cicatrices de viruela en la cara, que poco favor le hacían. De unos treinta años, cabello rizado con algunas canas en el copete, vestía modesta y discretamente, pues según se decía era el único sostén de su madre que padecía alguna enfermedad que la incapacitaba.
Es curioso, pero la mayoría de las maestras de pueblo eran solteronas, aunque tiempo después, supe que la maestra Luz se había casado con uno que fué su alumno.
Buena maestra sin lugar a dudas, aunque a mi se me atragantaba porque siempre me escogía para declamar las "recitaciones".
Que era el día de la madre: "Tú Alfonso te quedas, porque vamos a ensayar la declamación" y así para el día del maestro, para el día de los héroes de la Independencia y hasta para la clausura el fín de año, todas me tocaban a mí.
El último año de la primaria me tocó con la seño Adela. Ella era hermana de Romualdo Camacho, empleado de la Oficina de correos donde mi padre era el Administrador.
La seño Adela era una mujer atractiva, más bien alta, de veintitantos años, piel blanca, labios pintados, cabello negro largo y trenzado, vestía con blusas escotadas y faldas ajustadas de colores vivos que hacían que los más grandulones se dieran discretos codazos al llegar la seño al salón.
Aunque de trato amable exigía atención y no toleraba relajos durante su clase.
Tenía en su escritorio una varita delgada como de medio metro que haría pensar en aquello de que: "La letra con sangre entra" pero que únicamente utilizaba para indicar en el pizarrón o para señalar a algún alumno cuando a este le tocaba dar "la lección".
¡Que tiempos aquellos señor Don Simón!
Don Isra..
jueves, 28 de octubre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
Esos si eran maestros, no como.....II
En Encarnación de Díaz La Chona cursé tercero y cuarto de la primaria.
La escuela estaba junto a la Iglesia, o más bien era parte de ella, pues la construcción era igual, paredes muy anchas de piedra, techos muy altos y ventanas con rejas de hierro forjado.
La entrada estaba por una callecilla cerrada atrás del mercado, así que teníamos que atravesarlo para llegar y como la escuelita no tenía patio, salíamos a recreo a corretear entre los puestos.
De La Chona recuerdo a mis dos maestros. Eran padre e hijo. El padre Don Silviano Robledo era al director. Hombre de unos sesenta años, de mediana estatura, nariz aguileña, pelo entrecano y desordenado, con un sombrero de fieltro café muy maltratado, traje tambíen café oscuro con el saco y el pantalón holgados y colgados en los hombros y la trasera, camisa blanca que se resistía a la planchada y corbata negra que sobresalía del saco desabrochado.
El hijo se llamaba Arturo. Señor retraído, de unos veintitantos años, era más bien bajito y delgado, moreno, de naríz ancha y pelo lacio y ralo. Usaba camisas de manga corta y se fajaba los pantalones muy arriba del ombligo lo que le abultaba un poco la barriga y le aplanaba las nalgas.
Parece que tenía algún daño en la espalda, porque caminaba dando una especie de giro a la derecha que hacía que su mano se balanceara hacia atrás como si quisiera rascarse la cola.
Acá entre nos, mi padre le decía El Galumbo por aquella manera de moverse.
Yo nunca los ví y mucho menos en la escuela, pero era fama entre las chismosas del pueblo que a ambos les encantaba empinar el codo y que no pocas veces lo hacían juntos en cantinas alejadas de miradas curiosas y servidos por cantineros discretos.
Será o no será, pero fueron mis buenos y dedicados maestros y los recuerdo con afecto.
Y por si fuera cierto aquello de los alipuces, desde aqui levanto una copa de tinto y les digo:
¡¡Salud maestros!
Don Isra...
La escuela estaba junto a la Iglesia, o más bien era parte de ella, pues la construcción era igual, paredes muy anchas de piedra, techos muy altos y ventanas con rejas de hierro forjado.
La entrada estaba por una callecilla cerrada atrás del mercado, así que teníamos que atravesarlo para llegar y como la escuelita no tenía patio, salíamos a recreo a corretear entre los puestos.
De La Chona recuerdo a mis dos maestros. Eran padre e hijo. El padre Don Silviano Robledo era al director. Hombre de unos sesenta años, de mediana estatura, nariz aguileña, pelo entrecano y desordenado, con un sombrero de fieltro café muy maltratado, traje tambíen café oscuro con el saco y el pantalón holgados y colgados en los hombros y la trasera, camisa blanca que se resistía a la planchada y corbata negra que sobresalía del saco desabrochado.
El hijo se llamaba Arturo. Señor retraído, de unos veintitantos años, era más bien bajito y delgado, moreno, de naríz ancha y pelo lacio y ralo. Usaba camisas de manga corta y se fajaba los pantalones muy arriba del ombligo lo que le abultaba un poco la barriga y le aplanaba las nalgas.
Parece que tenía algún daño en la espalda, porque caminaba dando una especie de giro a la derecha que hacía que su mano se balanceara hacia atrás como si quisiera rascarse la cola.
Acá entre nos, mi padre le decía El Galumbo por aquella manera de moverse.
Yo nunca los ví y mucho menos en la escuela, pero era fama entre las chismosas del pueblo que a ambos les encantaba empinar el codo y que no pocas veces lo hacían juntos en cantinas alejadas de miradas curiosas y servidos por cantineros discretos.
Será o no será, pero fueron mis buenos y dedicados maestros y los recuerdo con afecto.
Y por si fuera cierto aquello de los alipuces, desde aqui levanto una copa de tinto y les digo:
¡¡Salud maestros!
Don Isra...
jueves, 21 de octubre de 2010
Esos sí eran maestros, no como.......
Pues yo nada más estudié hasta la secundaria.
En Ameca se me acabó el camino de la instrucción.
Ahí no se llegaba más que a la secundaria, no había de otra.
En la escuela oficial "Mariano Bárcenas" cursé quinto y sexto de la primaria y por la misma acera adelantito, en la mera esquina, estaba la secundaria que no tenía nombre y que funcionaba en una vieja casona con varias habitaciones habilitadas como aulas, y unas caballerizas atrás que hacían las veces de talleres donde las carreras "técnicas" eran herreria y carpintería.
Hice la primaria en tres lugares distintos: Primero y segundo en Jalpa Zac.
Tercero y cuarto en Encarnación de Díaz Jal.
Y quinto y sexto en Ameca Jal.
En aquellos tiempos no había kinder o pre-primaria, entraba uno derechito a la escuela a los seis años.
No recuerdo el nombre de mi primera maestra, era una mujer a la que nunca ví sonreír. A mi me parecía muy alta, pero a lo mejor no lo era tanto; culiseca, vestido negro con cuello de esos en forma de riñones que rodean el pescuezo, con chongo y antiparras redondas, medias también negras y zapatos de tacón bajito y con correa a medio empeine.
Sin embargo, es justo anotar que pese a su aspecto severo y gesto avinagrado, si nunca recibimos una muestra de cordialidad, tampoco fuimos víctimas de alguna grosería o maltrato.Se limitaba a hacer su trabajo y lo hacía bien.
En segundo año me tocó con la seño Amparo. Mujer rolliza, blanca, pelo naturalmente agüerado, con vestidos de colores y escotes discretos, con mangas a medio brazo y zapatos acordes a la temporada, pues la moda no llegaba aún a aquellos recovecos zacatecanos.
Sabía sonreír y cuando nos quería reconvenir por algo, nos daba unos ligerísimos coscorrones y después una caricia en la pelona, pues todos habíamos de ir rapados por aquello de los piojos.
El director de aquella escuelita se llamaba Don Gonzalo Aréchiga, un señor que ahora sé que se parecía a Pascual Ortíz Rubio.
Don Isra...
En Ameca se me acabó el camino de la instrucción.
Ahí no se llegaba más que a la secundaria, no había de otra.
En la escuela oficial "Mariano Bárcenas" cursé quinto y sexto de la primaria y por la misma acera adelantito, en la mera esquina, estaba la secundaria que no tenía nombre y que funcionaba en una vieja casona con varias habitaciones habilitadas como aulas, y unas caballerizas atrás que hacían las veces de talleres donde las carreras "técnicas" eran herreria y carpintería.
Hice la primaria en tres lugares distintos: Primero y segundo en Jalpa Zac.
Tercero y cuarto en Encarnación de Díaz Jal.
Y quinto y sexto en Ameca Jal.
En aquellos tiempos no había kinder o pre-primaria, entraba uno derechito a la escuela a los seis años.
No recuerdo el nombre de mi primera maestra, era una mujer a la que nunca ví sonreír. A mi me parecía muy alta, pero a lo mejor no lo era tanto; culiseca, vestido negro con cuello de esos en forma de riñones que rodean el pescuezo, con chongo y antiparras redondas, medias también negras y zapatos de tacón bajito y con correa a medio empeine.
Sin embargo, es justo anotar que pese a su aspecto severo y gesto avinagrado, si nunca recibimos una muestra de cordialidad, tampoco fuimos víctimas de alguna grosería o maltrato.Se limitaba a hacer su trabajo y lo hacía bien.
En segundo año me tocó con la seño Amparo. Mujer rolliza, blanca, pelo naturalmente agüerado, con vestidos de colores y escotes discretos, con mangas a medio brazo y zapatos acordes a la temporada, pues la moda no llegaba aún a aquellos recovecos zacatecanos.
Sabía sonreír y cuando nos quería reconvenir por algo, nos daba unos ligerísimos coscorrones y después una caricia en la pelona, pues todos habíamos de ir rapados por aquello de los piojos.
El director de aquella escuelita se llamaba Don Gonzalo Aréchiga, un señor que ahora sé que se parecía a Pascual Ortíz Rubio.
Don Isra...
jueves, 9 de septiembre de 2010
Tarde pero....¿tengo o no tengo razón?
El 2 de Septiembre del 2007 escribí algo que llamé: "De héroes y cañones" donde ponía en entredicho la existencia de personajes tales como El niño artillero y La cureña humana por las circunstancias tan especiales y tan favorables en que consiguieron sus respectivos cañones y su puntería de apache, pues en ambos casos con un solo disparo terminaron con el enemigo.
Recibí un primer comentario de un señor Anonymus donde me aclaraba que tales sucesos no habían ocurrido durante la intervención francesa, sino en la guerra de Independencia.
Le agradecí cumplidamente su atención y el amable jaloncito de orejas, pero dado que yo los consideraba un mito no traté de apegarme al rigor histórico sino a poner en razonable duda la existencia misma de los personajes, así hubieran contendido contra los españoles, los franceses o las tropas del Vietcong.
Recibí otro de un señor Ernesto Pineyro Pineyro donde palabras más palabras menos decía que si yo padecía de alzhaimer, que tenía cerebro de teflón, que nada se me pegaba, que consultara mi libro de tercer año (cosa imposible considerando mis setenta primaveras) y finalmente que él tenía la misma edad que yo, lo que seguramente daba contundencia a su reclamo.
Pues bien, si el señor Pineyro todavía anda por aquí, creo que se le está amontonando el quehacer. Con motivo de los festejos del bicentenario, varios y reconocidos historiadores coinciden en que tales acontecimientos nunca acontecieron y que los personajes fueron insertados en la historia como símbolos, para exaltar el valor, el patriotismo y la unión del naciente pueblo mexicano.
Sugiero pues al estimable señor Pineyro pertrecharse para demostrar la existencia de otros símbolos y mitos, tales como El pípila, Juan Diego, los
Niños Héroes, La llorona, El chupacabras, el Anima de Sayula etc. Y a menos que él haya asistido grabadora en mano, la veracidad en su momento de las frases: "Va mi espada en prenda" "Si hubiera parque no estuvieran ustedes aqui" "La Patria es primero" "Los valientes no asesinan"y la atribuida, pero no confirmada al villano favorito nacido en Colotlán Jalisco "Si hemos de morir a gatas.... ¡¡¡Vámonos culimpinando!!!
Por eso somos un pueblo desorientado. Nos enjaretan símbolos, mitos y utopías desde la escuela.
Don Isra...
Recibí un primer comentario de un señor Anonymus donde me aclaraba que tales sucesos no habían ocurrido durante la intervención francesa, sino en la guerra de Independencia.
Le agradecí cumplidamente su atención y el amable jaloncito de orejas, pero dado que yo los consideraba un mito no traté de apegarme al rigor histórico sino a poner en razonable duda la existencia misma de los personajes, así hubieran contendido contra los españoles, los franceses o las tropas del Vietcong.
Recibí otro de un señor Ernesto Pineyro Pineyro donde palabras más palabras menos decía que si yo padecía de alzhaimer, que tenía cerebro de teflón, que nada se me pegaba, que consultara mi libro de tercer año (cosa imposible considerando mis setenta primaveras) y finalmente que él tenía la misma edad que yo, lo que seguramente daba contundencia a su reclamo.
Pues bien, si el señor Pineyro todavía anda por aquí, creo que se le está amontonando el quehacer. Con motivo de los festejos del bicentenario, varios y reconocidos historiadores coinciden en que tales acontecimientos nunca acontecieron y que los personajes fueron insertados en la historia como símbolos, para exaltar el valor, el patriotismo y la unión del naciente pueblo mexicano.
Sugiero pues al estimable señor Pineyro pertrecharse para demostrar la existencia de otros símbolos y mitos, tales como El pípila, Juan Diego, los
Niños Héroes, La llorona, El chupacabras, el Anima de Sayula etc. Y a menos que él haya asistido grabadora en mano, la veracidad en su momento de las frases: "Va mi espada en prenda" "Si hubiera parque no estuvieran ustedes aqui" "La Patria es primero" "Los valientes no asesinan"y la atribuida, pero no confirmada al villano favorito nacido en Colotlán Jalisco "Si hemos de morir a gatas.... ¡¡¡Vámonos culimpinando!!!
Por eso somos un pueblo desorientado. Nos enjaretan símbolos, mitos y utopías desde la escuela.
Don Isra...
jueves, 26 de agosto de 2010
Licho, la psicóloga.
A Licho la conocí hace como unos diez o doce años, cuando ella estaba en segundo de secundaria en la escuela de aqui cerquita.
Era (y es) bajita, de piel blanca, rostro simpático, cabello corto al estilo de los veintes, vivaracha y malhablada como ella sola. Era una polvorilla.
Antes de entrar a clases llegaba a la tienda como faltando un cuarto para las siete de la mañana y no había día que no me contara de sus pleitos, castigos, llamadas a la dirección, exámenes extraordinarios y un sinfín de diabluras.
Un sábado llegaron a la tienda ella, su mamá y un sobrinito como de cuatro o cinco años que venía haciendo un berrinche de antología. Chillaba como los marranos cuando los están capando, le tiraba manotazos a la abuela y pateaba el suelo a la vez que giraba en redondo.
Y la abuela: " A ver pues m´ijito dime ¿que vas a querer? ¿quieres gelatina o un juguito? ¿O que quieres pues? Andale, ya no llores....
Y entra Licho en acción "Ay amá pá que lo chiqueas tanto? ¡¡¡Métele un chingadazo!!!
Y si.... La minutos antes condescendiente abuelita, le ha soltado uno de esos en la modalidad de cachetadón al escuincle que resonó en la tienda y funcionó como una especie de apagador de sirena de la Cruz Roja.
Nuevamente Licho: "¡¡¡Orale. rapidito agarre ese yacúl y vámonos, órale órale!!!.
--Ai nos vemos luego Don Isra...
Salieron los tres, las dos mujeres adelante y atrás muy tranquilo, tratando de destapar el yacúl el otrora demonio de Tasmania.
Desde luego que no aprobé ni apruebo método tan rudimentario y atroz para someter a un infante, pero no tuve más remedio que reconocer su efectividad.
Don Isra...
Era (y es) bajita, de piel blanca, rostro simpático, cabello corto al estilo de los veintes, vivaracha y malhablada como ella sola. Era una polvorilla.
Antes de entrar a clases llegaba a la tienda como faltando un cuarto para las siete de la mañana y no había día que no me contara de sus pleitos, castigos, llamadas a la dirección, exámenes extraordinarios y un sinfín de diabluras.
Un sábado llegaron a la tienda ella, su mamá y un sobrinito como de cuatro o cinco años que venía haciendo un berrinche de antología. Chillaba como los marranos cuando los están capando, le tiraba manotazos a la abuela y pateaba el suelo a la vez que giraba en redondo.
Y la abuela: " A ver pues m´ijito dime ¿que vas a querer? ¿quieres gelatina o un juguito? ¿O que quieres pues? Andale, ya no llores....
Y entra Licho en acción "Ay amá pá que lo chiqueas tanto? ¡¡¡Métele un chingadazo!!!
Y si.... La minutos antes condescendiente abuelita, le ha soltado uno de esos en la modalidad de cachetadón al escuincle que resonó en la tienda y funcionó como una especie de apagador de sirena de la Cruz Roja.
Nuevamente Licho: "¡¡¡Orale. rapidito agarre ese yacúl y vámonos, órale órale!!!.
--Ai nos vemos luego Don Isra...
Salieron los tres, las dos mujeres adelante y atrás muy tranquilo, tratando de destapar el yacúl el otrora demonio de Tasmania.
Desde luego que no aprobé ni apruebo método tan rudimentario y atroz para someter a un infante, pero no tuve más remedio que reconocer su efectividad.
Don Isra...
jueves, 5 de agosto de 2010
¡San Miguel arcángel defiéndenos en la lucha.!
Como decía mi paisana La Chimoltrufia: "No nos hágamos tarugos".
El principal problema de este país es la corrupción.
De ahí se derivan todos los demás.
El día que veamos a un expresidente de la República en la cárcel por sinvergúenza, entonces se van a comenzar a enderezar las cosas. Entonces si les vamos a creer que va en serio la campaña contra la corrupción.
Porque ahorita en todos los niveles de gobierno, a donde le rasques brota la pus.
Y denuncias van y vienen y la "amenaza" contra las ratas políticas es el sobado y devaluado juicio político. ¡Uuuyy que miedo!!! Cuando mucho los inhabilitan un tiempo para que se vayan a gozar de lo robado y a la vuelta del sexenio ya están otra vez haciendo cola en el tianguis de jugosos huesos.
A ver, este pobre hombre Calderón que llegó a la presidencia, haiga sido como haiga sido, según sus propias palabras, se creyó que tenía atrás a toda la corte celestial y se puso a darle de escobazos al avispero del narcotráfico y ahora de berrinchito en berrinchito exige, pide, solicita, casi suplica e implora que le digan como salir del atascadero en que se metió y nos metió a todos.
¿El remedio para combatir el narcotráfico y el aumento de jóvenes adictos? ¡Fácil mi estimado!
¡¡¡TRABAJO!!! ¡¡¡EMPLEOS BIEN REMUNERADOS!!! ¡¡¡EDUCACION!!! para los millones de muchachos que no tienen cabida en las escuelas a partir de la prepa y no encuentran ocupación por su edad y falta de experiencia. Así se ha formado la generación NI NI . Ni estudian ni trabajan.
¿Como hé de creer que en lugar de construir escuelas se pongan a construir cárceles?
No señor, las escuelas son las que evitan que se llenen las cárceles.
Pos si, pero si hacen eso después ¿Como van a engañar y a explotar a gente preparada?
Asi que seguirán los discursos, los vamos México, las iniciativas México, los teletones, los festejos del centenario, y demás chácharas que sirven como las enormes capas de plástico por donde escurren los lixiviados en los vertederos de basura.
Don Isra...
P:D: Según la Constitución no se puede enjuiciar al Presidente en funciones más que por traición a la Patria y por delitos graves del orden común.
Y pienso yo..¿Que no es traicionar a la Patria el condenar a la mitad de sus hijos a sobrevivir en la miseria?
Y también......¿Que? ¿No es delito grave propiciar el asesinato de más de veintiocho mil gentes nomás por un prurito de omnipotencia e infalibilidad, preponderando sus creencias religiosas?
Si de algo sirviera mi opinión yo diría que si.
El principal problema de este país es la corrupción.
De ahí se derivan todos los demás.
El día que veamos a un expresidente de la República en la cárcel por sinvergúenza, entonces se van a comenzar a enderezar las cosas. Entonces si les vamos a creer que va en serio la campaña contra la corrupción.
Porque ahorita en todos los niveles de gobierno, a donde le rasques brota la pus.
Y denuncias van y vienen y la "amenaza" contra las ratas políticas es el sobado y devaluado juicio político. ¡Uuuyy que miedo!!! Cuando mucho los inhabilitan un tiempo para que se vayan a gozar de lo robado y a la vuelta del sexenio ya están otra vez haciendo cola en el tianguis de jugosos huesos.
A ver, este pobre hombre Calderón que llegó a la presidencia, haiga sido como haiga sido, según sus propias palabras, se creyó que tenía atrás a toda la corte celestial y se puso a darle de escobazos al avispero del narcotráfico y ahora de berrinchito en berrinchito exige, pide, solicita, casi suplica e implora que le digan como salir del atascadero en que se metió y nos metió a todos.
¿El remedio para combatir el narcotráfico y el aumento de jóvenes adictos? ¡Fácil mi estimado!
¡¡¡TRABAJO!!! ¡¡¡EMPLEOS BIEN REMUNERADOS!!! ¡¡¡EDUCACION!!! para los millones de muchachos que no tienen cabida en las escuelas a partir de la prepa y no encuentran ocupación por su edad y falta de experiencia. Así se ha formado la generación NI NI . Ni estudian ni trabajan.
¿Como hé de creer que en lugar de construir escuelas se pongan a construir cárceles?
No señor, las escuelas son las que evitan que se llenen las cárceles.
Pos si, pero si hacen eso después ¿Como van a engañar y a explotar a gente preparada?
Asi que seguirán los discursos, los vamos México, las iniciativas México, los teletones, los festejos del centenario, y demás chácharas que sirven como las enormes capas de plástico por donde escurren los lixiviados en los vertederos de basura.
Don Isra...
P:D: Según la Constitución no se puede enjuiciar al Presidente en funciones más que por traición a la Patria y por delitos graves del orden común.
Y pienso yo..¿Que no es traicionar a la Patria el condenar a la mitad de sus hijos a sobrevivir en la miseria?
Y también......¿Que? ¿No es delito grave propiciar el asesinato de más de veintiocho mil gentes nomás por un prurito de omnipotencia e infalibilidad, preponderando sus creencias religiosas?
Si de algo sirviera mi opinión yo diría que si.
viernes, 9 de julio de 2010
En la baticueva.
En aquel entonces era dificil llegar. El camioncillo que salía de Tecomán me dejaba en el crucero de Boca de Apisa, desembocadura del río que divide a los estados de Colima y Michoacán y daba nombre a aquel villorio: Coahuayana
Había que caminar unos cuatro o cinco kilometros por un callejón terregoso para arribar a aquel caserío de trazo irregular y calles de tierra que año con año en tiempos de lluvias inundaba el río.
La oficina estaba a un costado de le iglesia del lugar. De hecho era parte de la iglesia y al cura se le pagaba la renta por aquel pedazo de terreno que se componía de dos cuartos con paredes de adobe y techos de teja, un corredorcito, un patio sin piso y una pila de agua que se surtía mediante un tubo que llegaba del templo a través de un agujero en la pared.
En uno de los cuartos estaba la oficina: La mesa de aparatos, un escritorio chiquito, la máquina de escribir, el mostradorcito, una mesita casera para el mensajero, dos sillas de la cocacola, un archivero y pare usted de contar.
Fuí a cubrir temporalmente la vacante que dejó su titular Don Octavio; hombre ya mayor, de piel pálida, huesos largos y abundante cabello blanco cortado hasta el cuello de sus invariables guayaberas de manga corta, retraído -según díceres- y enfermo, aunque nadie supo nunca de qué.
Este compañero había muerto en el otro cuarto donde había habilitado una burda recámara. Una bastidor sin colchón, sábana y colcha desordenadas y manchadas, en el suelo unas cajas de cartón con su ropa apilada. En un cajón de madera a manera de buró estaban sus lentes, cepillo de dientes, su vibroplex, frascos de medicina y tabletas de analgésicos. Nadie se había aprontado a reclamar sus poquisimas pertenencias porque según eso su esposa e hijos vivían en algún lugar de Nayarit y sus relaciones familiares no eran precisamente buenas.
También estaban las paredes y el piso de ladrillo llenos de sangre seca. Murió solo, desangrándose a causa de una hemorragia.
Mientras los familiares venían por aquellas cosas o decían que se haría con ellas, yo dormía enroscado en el escritorio. El mensajero me recomendó con la misma señora donde se asistía Don Octavio y ella me puso al tanto de cuanta cosa había que saber del caso.
Por cierto la primera noche, ya hecho bolita en el escritorio, llamó mi atención un montón como de hilachillos colgando del techo. Intrigado me paré y con una toalla quise sacudir aquello.
¡Nunca lo hubiera hecho! Se desprendió una docena de murciélagos, que revolotearon por todo el cuarto un buen rato hasta que volvieron a sus lechos colgantes.
Con un tácito acuerdo de no agresión convivimos más de un mes.
No puedo decir que los extraño.
Don Isra...
Había que caminar unos cuatro o cinco kilometros por un callejón terregoso para arribar a aquel caserío de trazo irregular y calles de tierra que año con año en tiempos de lluvias inundaba el río.
La oficina estaba a un costado de le iglesia del lugar. De hecho era parte de la iglesia y al cura se le pagaba la renta por aquel pedazo de terreno que se componía de dos cuartos con paredes de adobe y techos de teja, un corredorcito, un patio sin piso y una pila de agua que se surtía mediante un tubo que llegaba del templo a través de un agujero en la pared.
En uno de los cuartos estaba la oficina: La mesa de aparatos, un escritorio chiquito, la máquina de escribir, el mostradorcito, una mesita casera para el mensajero, dos sillas de la cocacola, un archivero y pare usted de contar.
Fuí a cubrir temporalmente la vacante que dejó su titular Don Octavio; hombre ya mayor, de piel pálida, huesos largos y abundante cabello blanco cortado hasta el cuello de sus invariables guayaberas de manga corta, retraído -según díceres- y enfermo, aunque nadie supo nunca de qué.
Este compañero había muerto en el otro cuarto donde había habilitado una burda recámara. Una bastidor sin colchón, sábana y colcha desordenadas y manchadas, en el suelo unas cajas de cartón con su ropa apilada. En un cajón de madera a manera de buró estaban sus lentes, cepillo de dientes, su vibroplex, frascos de medicina y tabletas de analgésicos. Nadie se había aprontado a reclamar sus poquisimas pertenencias porque según eso su esposa e hijos vivían en algún lugar de Nayarit y sus relaciones familiares no eran precisamente buenas.
También estaban las paredes y el piso de ladrillo llenos de sangre seca. Murió solo, desangrándose a causa de una hemorragia.
Mientras los familiares venían por aquellas cosas o decían que se haría con ellas, yo dormía enroscado en el escritorio. El mensajero me recomendó con la misma señora donde se asistía Don Octavio y ella me puso al tanto de cuanta cosa había que saber del caso.
Por cierto la primera noche, ya hecho bolita en el escritorio, llamó mi atención un montón como de hilachillos colgando del techo. Intrigado me paré y con una toalla quise sacudir aquello.
¡Nunca lo hubiera hecho! Se desprendió una docena de murciélagos, que revolotearon por todo el cuarto un buen rato hasta que volvieron a sus lechos colgantes.
Con un tácito acuerdo de no agresión convivimos más de un mes.
No puedo decir que los extraño.
Don Isra...
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