Hace tiempo que no viene por acá. Es el hombre del cartón.
De unos setenta y tantos años, complexión mediana, con el pelo y la barba entrecanos, siempre enmarañados y del mismo tamaño, como si ya le hubieran terminado de crecer y asi se le quedaron.
Cara morena requemada por el sol, desdentado y con ojos entrecerrados siempre para atenuar la reverberación del pavimento
Unas manos encallecidas y sarmentosas . Pies gruesos y contrahechos, enfundados en unas botas de tipo industrial que a la vista no pueden negar que sus mejores años ya hace mucho que pasaron.
Un sombrero grueso de palma, de casquete raído y de alas apachurradas, que seguramente a fuerza de uso ya tomó la forma de su cabeza..
La misma camisa de manga larga con la variedad de colores del cartón que recolecta y abotonada hasta el cuello.
Pantalón de mezclilla bien holgado, desjaretado, arremangado por encima de los tobillos y sujeto a la cintura por una gruesa tira de plástico a la que seguramente su ingenio le adaptó agujeros y hebilla.
Ese es el aspecto y la traza de este hombre admirable.
Y es que viene siendo lo que eufemísticamente ahora llaman discapacitado o mejor aún de "capacidades diferentes".
Lo veo venir al filo del mediodía empujando su carro triciclo repleto de cartones, subiendo la empinada calle donde está mi tienda, centimetro a centimetro, jadeando, escurriéndole el sudor por los cachetes arrugados, impulsándose a duras penas con su cuerpo enteco y retorcido desde la cintura hasta los talones.
--Buenas tardes le dé Dios Don Israel, ai vengo otra vez a darle lata....
Trabajosamente acomoda su carrito al pié de un fresno que está en la banqueta y ayudado por una burrita de otate, entre quejidos y suspiros, se sienta en el suelo a la sombra abanicándose con su sombrero.
Entre que lo ví y llegó a la tienda, tuve tiempo de ir por el cartón, deshacerlo para quedar plano, acomodarlo y amarrarlo..
--Aqui tiene mi amigo, ¿que se le antoja? una leche o un jugo, usted dirá......
--Pos si me hace la caridá sería bueno un juguito pa la calor ¿no creé?
--Ahi le va pues su jugo y una semas para que se las cene...
--Dios le ha de pagar...bueno me voy, hasta otra eh?.
Y allá va subiendo de nuevo, con su medio cuerpo flaco ondulando y trastabillando tras su rechinante triciclo.
Por no cometer una descortesía con este hombre respetable hé resistido la tentación de preguntarle: ¿Como se llama? ¿De donde es? ¿Desde donde viene? ¿Hasta donde entregará su carga? ¿Cuanto le pagarán? ¿Donde vive ? ¿Tiene familia??
Cuando lo pierdo de vista me siento avergonzado porque a veces me quejo de cansancio y de dolencias en la cintura.
Don Isra...
lunes, 18 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
El mundo al revés
"La onda gélida que azota principalmente a los países del hemisferio norte es una prueba del calentamiento global".
"Las inundaciones en gran parte del mundo ocasionadas por torrenciales aguaceros, es otra muestra de que el agua se está acabando"
"Los miles de muertos, desaparecidos, secuestrados, torturados, mutilados, disueltos, allanamientos, arraigos, tiroteos, bombazos, son una muestra de que vamos ganando y de que el país está en paz y trabajando"
Bajo estas premisas bien podemos decir;
La rapacidad, la hipocresía, la estupidez, y el desmedido afán de poder y lucro, comprueban la acrisolada honradez, la sinceridad, la inteligencia y la humildad de nuestros políticos y nuestros gobernantes.
Don Isra...
"Las inundaciones en gran parte del mundo ocasionadas por torrenciales aguaceros, es otra muestra de que el agua se está acabando"
"Los miles de muertos, desaparecidos, secuestrados, torturados, mutilados, disueltos, allanamientos, arraigos, tiroteos, bombazos, son una muestra de que vamos ganando y de que el país está en paz y trabajando"
Bajo estas premisas bien podemos decir;
La rapacidad, la hipocresía, la estupidez, y el desmedido afán de poder y lucro, comprueban la acrisolada honradez, la sinceridad, la inteligencia y la humildad de nuestros políticos y nuestros gobernantes.
Don Isra...
martes, 22 de diciembre de 2009
Calma y la Patria se salva.
Los pocos a los que nos dispensaba su amistad le decíamos, Don Remy o simplemente Remy.
Se llamaba (y espero que se siga llamando) Remigio Vázquez, oriundo de Cihuatlán; sujeto de unos cuarenta años, más bien bajito, enjuto de carnes, paliducho y a veces irascible, fumador de los que no apagan, peinado para atrás y con bigotillo recortado, vestía casi siempre pantalones de vestir guangos, camisas de manga corta que dejaban ver sus brazos nervudosy sus manos flacas pero fuertes. Con los que se llevaba unos le decían "La rata" y otros "El tiliche". Muy buen telegrafista en morse y mejor operador en teletipos.
Aquellos teletipos eran unos armatostes ruidosos y dificiles de reparar por falta de refacciones, pues en los paises avanzados ya eran considerados reliquias y nos los vendían a los tercermundistas donde representaban una suculenta ganancia para las autoridades compradoras y un "avance" en las telecomunicaciones nacionales.
Un equipo constaba de un teclado similar al de una máquina de escribir, pero en lugar de imprimir letras perforaba una cinta, que al pasar por un transmisor con pequeños punzones configuraba las letras en un receptor en la oficina de destino.
Pues si, Don Remy se consideraba todo un artista del perforador. La verdad es que si. Era muy rápido. Pero como todo virtuoso era exigentillo y remilgoso a la hora de toparse con aquellos equipos remendados en el taller de los mecánicos encargados del mantenimiento.
Procuraba llegar diez o quince minutos antes de su hora de entrada para revisar los perforadores y escoger el que a su juicio se ajustara a sus habilidades.
--¡¡¡Miguel, esta chingadera no sirve!!! rezongó Don Remy, dándole un manotazo al perforador.
(Miguel era el jefe de servicio del turno vespertino. Era diabético, por lo que procuraba todo el tiempo no alterarse)
--A ver Remy ¿te está fallando?
--Mira nada más que porquería. Está mascando toda la cinta, no recorre y así no pasa por el transmisor...
--A ver, desconéctalo y pásamelo. Deja llevárselo a Barbosa para que le dé una buena ajustada.
Mientras Don Remy con gesto de enfado, cruzada la pierna, encendió un cigarro y se puso a fumar refunfuñando.
--Ora si Remy, ya estuvo. Conéctalo y cálalo.
--¡¡Me lleva la.... está peor!!! Mira, mira como se chorrea al pisar la "A". Asi no voy a poder trabajar Miguel, tu sabrás....
El ázucar se le empezó a subir a Miguel pero haciendo de tripas corazón:
-- Pásamelo pues, deja decirle a Barbosa a ver si tiene otro mejorcito.
---------------------------------------------------------------------
--Este si Remigio (ya no le dijo Don Remy ni Remy) está casi nuevo, se lo guarda Barbosa a Silvia, ya ves que andan de volados. Conéctalo y dale.
--¿Quihubo, como lo sientes? preguntóle Miguel con los dedos cruzados.
--Mmmmm... Pues.....
--El ázucar de Miguel subía segundo a segundo.
---Mmmm...Pues si, parece que ya no falla, pero fíjate Miguel como se oye. Suena muy feo.... oyelo, oyelo....haz de cuenta..una matraca.
Al fín Miguel estalló:
--¡¡No cabrón, entonces lo que necesitas no es un perforador. ES UN PIANO!!
Don Isra...
Se llamaba (y espero que se siga llamando) Remigio Vázquez, oriundo de Cihuatlán; sujeto de unos cuarenta años, más bien bajito, enjuto de carnes, paliducho y a veces irascible, fumador de los que no apagan, peinado para atrás y con bigotillo recortado, vestía casi siempre pantalones de vestir guangos, camisas de manga corta que dejaban ver sus brazos nervudosy sus manos flacas pero fuertes. Con los que se llevaba unos le decían "La rata" y otros "El tiliche". Muy buen telegrafista en morse y mejor operador en teletipos.
Aquellos teletipos eran unos armatostes ruidosos y dificiles de reparar por falta de refacciones, pues en los paises avanzados ya eran considerados reliquias y nos los vendían a los tercermundistas donde representaban una suculenta ganancia para las autoridades compradoras y un "avance" en las telecomunicaciones nacionales.
Un equipo constaba de un teclado similar al de una máquina de escribir, pero en lugar de imprimir letras perforaba una cinta, que al pasar por un transmisor con pequeños punzones configuraba las letras en un receptor en la oficina de destino.
Pues si, Don Remy se consideraba todo un artista del perforador. La verdad es que si. Era muy rápido. Pero como todo virtuoso era exigentillo y remilgoso a la hora de toparse con aquellos equipos remendados en el taller de los mecánicos encargados del mantenimiento.
Procuraba llegar diez o quince minutos antes de su hora de entrada para revisar los perforadores y escoger el que a su juicio se ajustara a sus habilidades.
--¡¡¡Miguel, esta chingadera no sirve!!! rezongó Don Remy, dándole un manotazo al perforador.
(Miguel era el jefe de servicio del turno vespertino. Era diabético, por lo que procuraba todo el tiempo no alterarse)
--A ver Remy ¿te está fallando?
--Mira nada más que porquería. Está mascando toda la cinta, no recorre y así no pasa por el transmisor...
--A ver, desconéctalo y pásamelo. Deja llevárselo a Barbosa para que le dé una buena ajustada.
Mientras Don Remy con gesto de enfado, cruzada la pierna, encendió un cigarro y se puso a fumar refunfuñando.
--Ora si Remy, ya estuvo. Conéctalo y cálalo.
--¡¡Me lleva la.... está peor!!! Mira, mira como se chorrea al pisar la "A". Asi no voy a poder trabajar Miguel, tu sabrás....
El ázucar se le empezó a subir a Miguel pero haciendo de tripas corazón:
-- Pásamelo pues, deja decirle a Barbosa a ver si tiene otro mejorcito.
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--Este si Remigio (ya no le dijo Don Remy ni Remy) está casi nuevo, se lo guarda Barbosa a Silvia, ya ves que andan de volados. Conéctalo y dale.
--¿Quihubo, como lo sientes? preguntóle Miguel con los dedos cruzados.
--Mmmmm... Pues.....
--El ázucar de Miguel subía segundo a segundo.
---Mmmm...Pues si, parece que ya no falla, pero fíjate Miguel como se oye. Suena muy feo.... oyelo, oyelo....haz de cuenta..una matraca.
Al fín Miguel estalló:
--¡¡No cabrón, entonces lo que necesitas no es un perforador. ES UN PIANO!!
Don Isra...
miércoles, 16 de diciembre de 2009
El señor Birote
En otros lugares le dicen bolillo.
Aqui en Guadalajara se le conoce como birote.
Cuenta la tradición que allá por los inicios del siglo IX se avecindó por estos lares un panadero de origen francés cuyo apellido era Birot.
Una vez establecido se dedicó a hacer lo que en París se denomina baguette, pero adaptando la forma del pan a las necesidades de la clientela que lo pedía más bien chico y seccionado o en una pieza de forma atamalada.
Y así a fuerza de uso se fué desgastando el apellido del monsieur hasta quedar en:
-¡Andale correle con el birote ese que se nos hace tarde!
Con un ligero tinte de presunción los tapatíos suelen decir que por las similares características de sus aguas, solo en París y en Guadalajara se puede paladear un birote de esta textura y sabor.
Como dijera López Velarde: "El santo olor del pan"
Don Isra...
Aqui en Guadalajara se le conoce como birote.
Cuenta la tradición que allá por los inicios del siglo IX se avecindó por estos lares un panadero de origen francés cuyo apellido era Birot.
Una vez establecido se dedicó a hacer lo que en París se denomina baguette, pero adaptando la forma del pan a las necesidades de la clientela que lo pedía más bien chico y seccionado o en una pieza de forma atamalada.
Y así a fuerza de uso se fué desgastando el apellido del monsieur hasta quedar en:
-¡Andale correle con el birote ese que se nos hace tarde!
Con un ligero tinte de presunción los tapatíos suelen decir que por las similares características de sus aguas, solo en París y en Guadalajara se puede paladear un birote de esta textura y sabor.
Como dijera López Velarde: "El santo olor del pan"
Don Isra...
sábado, 5 de diciembre de 2009
Cadáver inconcluso.
Notisistema 4 Diciembre 2009.
"Encuentran restos de una persona en construcción"
Don Isra...
"Encuentran restos de una persona en construcción"
Don Isra...
sábado, 21 de noviembre de 2009
¡Choquela paisano!
El otro día choqué con mi carcanchita de camioneta.
Venía yo saliendo de un espacio habilitado como estacionamiento y como del lado derecho no alcanzaba a ver bien porque me estorbaba un camión estacionado, saqué de más la trompa y ¡Zas! que le doy un buen tope a uno de esos vehículos chiquitos cerrados que les dicen utilitarios.
¿Que pues amigo? ¿Pos que le pasó? ¿Que no me vió? medio pujaba un viejarazco igual que yo, al tratar de sacar la panza de debajo del volante, para apearse y evaluar el daño. Nos bajamos de nuestros vehiculos y con la pachorra que dan los años y ojo crítico observamos los desperfectos.
No fué gran cosa. Un raspón con hundimiento del lado del chofer del utilitario y una arriscada de la parte delantera de la salpicadera derecha de mi charchina.
--Pos usté dirá como le vamos a hacer...¿Tiene aseguranza? -- preguntóme mi contraparte.
--No mi estimado, ya está vencido el seguro. Pero no se preocupe, yo me haré cargo de los daños al cabo no fué gran cosa.
--No, pos ésta si tiene --dijo señalando su camionetilla-- Nomás que necesito hablarle al licenciado para que sepa y me autorice. Pereme tantito, por aquí lo traigo, por aqui debe de andar pereme..
Y del bolsillo de atrás de su pantalón sacó una abultada cartera vieja rodeada con varias ligas y hasta el gorro de papeles .
--Por aqui, por aqui lo traía yo...Es su teléfono. Deje ver... No, éste no es.
Y seguía buscando en aquel legajo de minúsculas y dobladas hojas.
--¿Que pasó Don Isra? ¿Se le ofrece algo? ¿No le pasó nada?
--No, Don Rafa, no es nada serio. Muchas gracias...
Y aquel hombre seguía embolismado con sus papeles. Ya tenía casi llena la tapa del cofre de su carrito y nada.
--¿Que le pasó Don Isra? ¿Quiere que le avise a alguien? Ahorita voy a pasar por con su hijo, si quiere....
--No, no. Se lo agradezco mucho señora pero no fué nada. Gracias de todos modos.
--¡¡¡Ah!!! ¡Aquí está! dijo feliz mi chocante compañero, desenrrollando un pedazo de servilleta de papel con el logotipo de los refresos Aga.
--Ahi le va el teléfono --dije alargándole un celular--
--Uh pos a ver si le hallo, yo nunca he hablado por uno de estos.
--Permitame. ¿Que número es?.............Ya está. Ahi le están contestando.
--¡Bueno! ¡Bueno! ¿Stá el licenciado? ¡El licenciado! Si ése. Pásemelo. Si de parte mía. Pos del Zacatecas.
¡Acabáramos! me dije. ¡Paisanos teníamos que ser!
En eso llegó mi hijo el Che. ¿Que pasó Apá?
--Nada, nada m´ijo, nada. Un topecito que nos dimos aqui el señor y yo.
--Espereme tantito, voy por mi camioneta y ahorita nos vamos el señor y yo al taller con Poncho. No se apure amigo, en media hora se lo arreglamos.
--¿Así que usted tambien es de Zacatecas? le pregunté .
--Si pues del mero Chalchihuites. ¿Y usté?
-- Yo de Juchipila.
--Mire que casualidá. Dijo, apoyando su codo derecho en el cofre de mi camioneta donde yo ya tenía tambien el mío.
--¿Y que anda haciendo pues por acá?
--No pos ya vé. Allá por nuestros rumbos la cosa está muy triste. No hay nada, nada. ¿Y usté?
--Yo tengo una tiendilla por aqui cerca. Ya tengo mucho tiempo aqui en Guadalajara.
--Mire que bien. ¿Y como le anda yendo?
--Mal, mal. Ahorita con eso de la crisis todos andamos bocabajeando...
-- Andele ya llegó su muchacho. Bueno pos me dió gusto. Ai a ver si luego nos vemos eh?.
Nos dimos un apretón de manos, se subió a su vehículo, se fué siguiendo al Che y nos despedimos con un: ¡Que le vaya bien!
Los pocos mirones que se habian acercado esperando ver un agarrón entre el par de vejetes, se empezaron a dispersar decepcionados.
Y es que ansina semos los de Zacatecas.
Don Isra...
Venía yo saliendo de un espacio habilitado como estacionamiento y como del lado derecho no alcanzaba a ver bien porque me estorbaba un camión estacionado, saqué de más la trompa y ¡Zas! que le doy un buen tope a uno de esos vehículos chiquitos cerrados que les dicen utilitarios.
¿Que pues amigo? ¿Pos que le pasó? ¿Que no me vió? medio pujaba un viejarazco igual que yo, al tratar de sacar la panza de debajo del volante, para apearse y evaluar el daño. Nos bajamos de nuestros vehiculos y con la pachorra que dan los años y ojo crítico observamos los desperfectos.
No fué gran cosa. Un raspón con hundimiento del lado del chofer del utilitario y una arriscada de la parte delantera de la salpicadera derecha de mi charchina.
--Pos usté dirá como le vamos a hacer...¿Tiene aseguranza? -- preguntóme mi contraparte.
--No mi estimado, ya está vencido el seguro. Pero no se preocupe, yo me haré cargo de los daños al cabo no fué gran cosa.
--No, pos ésta si tiene --dijo señalando su camionetilla-- Nomás que necesito hablarle al licenciado para que sepa y me autorice. Pereme tantito, por aquí lo traigo, por aqui debe de andar pereme..
Y del bolsillo de atrás de su pantalón sacó una abultada cartera vieja rodeada con varias ligas y hasta el gorro de papeles .
--Por aqui, por aqui lo traía yo...Es su teléfono. Deje ver... No, éste no es.
Y seguía buscando en aquel legajo de minúsculas y dobladas hojas.
--¿Que pasó Don Isra? ¿Se le ofrece algo? ¿No le pasó nada?
--No, Don Rafa, no es nada serio. Muchas gracias...
Y aquel hombre seguía embolismado con sus papeles. Ya tenía casi llena la tapa del cofre de su carrito y nada.
--¿Que le pasó Don Isra? ¿Quiere que le avise a alguien? Ahorita voy a pasar por con su hijo, si quiere....
--No, no. Se lo agradezco mucho señora pero no fué nada. Gracias de todos modos.
--¡¡¡Ah!!! ¡Aquí está! dijo feliz mi chocante compañero, desenrrollando un pedazo de servilleta de papel con el logotipo de los refresos Aga.
--Ahi le va el teléfono --dije alargándole un celular--
--Uh pos a ver si le hallo, yo nunca he hablado por uno de estos.
--Permitame. ¿Que número es?.............Ya está. Ahi le están contestando.
--¡Bueno! ¡Bueno! ¿Stá el licenciado? ¡El licenciado! Si ése. Pásemelo. Si de parte mía. Pos del Zacatecas.
¡Acabáramos! me dije. ¡Paisanos teníamos que ser!
En eso llegó mi hijo el Che. ¿Que pasó Apá?
--Nada, nada m´ijo, nada. Un topecito que nos dimos aqui el señor y yo.
--Espereme tantito, voy por mi camioneta y ahorita nos vamos el señor y yo al taller con Poncho. No se apure amigo, en media hora se lo arreglamos.
--¿Así que usted tambien es de Zacatecas? le pregunté .
--Si pues del mero Chalchihuites. ¿Y usté?
-- Yo de Juchipila.
--Mire que casualidá. Dijo, apoyando su codo derecho en el cofre de mi camioneta donde yo ya tenía tambien el mío.
--¿Y que anda haciendo pues por acá?
--No pos ya vé. Allá por nuestros rumbos la cosa está muy triste. No hay nada, nada. ¿Y usté?
--Yo tengo una tiendilla por aqui cerca. Ya tengo mucho tiempo aqui en Guadalajara.
--Mire que bien. ¿Y como le anda yendo?
--Mal, mal. Ahorita con eso de la crisis todos andamos bocabajeando...
-- Andele ya llegó su muchacho. Bueno pos me dió gusto. Ai a ver si luego nos vemos eh?.
Nos dimos un apretón de manos, se subió a su vehículo, se fué siguiendo al Che y nos despedimos con un: ¡Que le vaya bien!
Los pocos mirones que se habian acercado esperando ver un agarrón entre el par de vejetes, se empezaron a dispersar decepcionados.
Y es que ansina semos los de Zacatecas.
Don Isra...
jueves, 5 de noviembre de 2009
Aquellos fríos.
Bueno, yo no soy médico, pero a mi se me hace que el famoso dengue, si no es el paludismo viene siendo su primo hermano.
Al igual que el paludismo, lo transmite un mosquito, los síntomas son los mismos: altas temperaturas, dolor de huesos, trastornos estomacales, sudores y alucinaciones.
Antes le decían los fríos. Así nomás: le pegaron los fríos.
A mí me pegaron los fríos allá por los años cuarentas en Jalpa Zac.
Empezaban a sentirse ya tardecito, cuando comenzaba a pardear.
Era un escalofrío que lo hacía a uno temblar. No tiritar, no. Temblar. Se hacía uno bolita porque entre más se moviera más escalofrío le daba. Y empezaba el calenturón y a sude y sude.
Mis o más bien mi alucinación era recurrente, siempre la misma. Me veía yo al ras del suelo, chiquito chiquito y enfrente de mí un colchón enrollado que se iba haciendo grande, grande, grande y yo junto con el . Luego empezábamos el colchón y yo a empequeñecernos hasta llegar otra vez al ras del suelo. Enseguida sentía como que pasaba la palma de mi mano por una superficie lisita, lisita que de pronto se hacía roñosa y entonces empezaba a vomitar; después de eso me dormía empapado de sudor.
Así se pasaba uno como unos cinco o seis días. Todavía puedo recordar el olor del sudor rancio de enfermo atejonado en una cama con luz de vela o de aparato de petróleo.
Las mamás de los jodidos nos ponían más como placebos que como medicinas, jitomates cocidos y calientes en las plantas de los pies, velas de sebo derretidas sobre un papel de envoltura en el pecho, chiquiadores de hojas de alguna planta medicinal en las sienes, un paliacate amarrado en la cabeza para detener los sudorones y al santo de la devoción de la familia en la cabecera del catre.
Salía uno de los fríos todo ñengo, descolorido, con la saliva pastosa y los labios resecos para empezar a comer puros calditos de gallina o de frijoles con tortillas desmenuzadas.
Los que podían, compraban pastillas de quinina.
¡Oye deveras! ¿No se curará el dengue con quinina?
Don Isra...
Al igual que el paludismo, lo transmite un mosquito, los síntomas son los mismos: altas temperaturas, dolor de huesos, trastornos estomacales, sudores y alucinaciones.
Antes le decían los fríos. Así nomás: le pegaron los fríos.
A mí me pegaron los fríos allá por los años cuarentas en Jalpa Zac.
Empezaban a sentirse ya tardecito, cuando comenzaba a pardear.
Era un escalofrío que lo hacía a uno temblar. No tiritar, no. Temblar. Se hacía uno bolita porque entre más se moviera más escalofrío le daba. Y empezaba el calenturón y a sude y sude.
Mis o más bien mi alucinación era recurrente, siempre la misma. Me veía yo al ras del suelo, chiquito chiquito y enfrente de mí un colchón enrollado que se iba haciendo grande, grande, grande y yo junto con el . Luego empezábamos el colchón y yo a empequeñecernos hasta llegar otra vez al ras del suelo. Enseguida sentía como que pasaba la palma de mi mano por una superficie lisita, lisita que de pronto se hacía roñosa y entonces empezaba a vomitar; después de eso me dormía empapado de sudor.
Así se pasaba uno como unos cinco o seis días. Todavía puedo recordar el olor del sudor rancio de enfermo atejonado en una cama con luz de vela o de aparato de petróleo.
Las mamás de los jodidos nos ponían más como placebos que como medicinas, jitomates cocidos y calientes en las plantas de los pies, velas de sebo derretidas sobre un papel de envoltura en el pecho, chiquiadores de hojas de alguna planta medicinal en las sienes, un paliacate amarrado en la cabeza para detener los sudorones y al santo de la devoción de la familia en la cabecera del catre.
Salía uno de los fríos todo ñengo, descolorido, con la saliva pastosa y los labios resecos para empezar a comer puros calditos de gallina o de frijoles con tortillas desmenuzadas.
Los que podían, compraban pastillas de quinina.
¡Oye deveras! ¿No se curará el dengue con quinina?
Don Isra...
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