domingo, 15 de junio de 2008

A propósito de Don Fede

Era Don Federico un estimado y respetado hombre de campo en la La Labor de Solís.
Sembraba cacahuate y garbanzo (guasanas) en su terrenito de la falda del cerro de Ameca.
Casado con Doña Amalia, y acompañados de su hijo Mateo que no se había ido todavía al norte con sus otros hermanos porque estudiaba la secundaria en el cercano San Antonio a donde diario iba y venía en bicicleta, vivían modesta pero tranquilamente en aquel caserío.

Y allá iba Don Federico muy temprano con paso ligero, su sombrero de palma, su chamarrita y su pantalón de mezclilla, sus huaraches, la bolsa de mecate con su bastimento y su casanga.

-BuenosdíasledéDios Don Federico-
-Buenos días Chayito ¿ya vas al molino? que te vaya bien....

-Buenos días Don Fede ¿ya tan temprano?
-Si pues, ya ve que dicen que al que madruga....

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Murió Doña Amalia y Mateo se fué al norte con sus hermanos que ya le había contratado al coyote y conseguido chamba. Y así Don Fede se quedó solo en su casita y con su siembra
descuidada.

-Vengase pacá compadre, pá Guadalajara ¿Ya que está haciendo usté solo? Ire, allí cerca de onde yo trabajo están necesitando gente, es una compania gringa ¿quihubo, se anima?

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¡Orale pinche Federruco no te duermas güey, abre la puerta! Le grita desde afuera un camionero.

-Iralo, te dije coca, coca, coca no pepsi. De plano ya stás medio siquis. Le reclama un mozalbete.

Y allá va el otrora estimado y respetado Don Federico, vistiendo su pantalón negro con una raya gris a los costados, una de sus camisas viejitas abrochada hasta el pescuezo, con una chamarra de tela brillosa blanca con vivos rojos y unas letrotas que dicen PALMAC, sus tennis de marca pirata y su cachucha esa si nueva, que le consiguió su compadre el de la otra fábrica, con paso cansado y mirada perdida a sentarse debajo del tejabancito que le asignaron en su puesto de velador en la noche y mandadero en el día.

Don Isra..

¿Ya viste como te vistes?



Yo opino que la cachucha y los tennis son unas prendas bastante ordinarias.
Que se deberían de usar solo para practicar deportes.
Porque despersonalizan a los que los usan de manera cotidiana como parte de su vestuario.
La cachucha y los tennis estandarizan a todos los que los acostumbran.
Sean caros o sean baratos estos artículos no dicen nada de sus dueños.

El sombrero y los zapatos son otra cosa.
Hablan de su portador. Dicen a que se dedica, en que trabaja, si es descuidado, si es alguien con buena posición económica, en fín......

Me estoy acordando de Don Federico, labriego de la Labor de Solís, allá por el rumbo de Ameca a quien arrumbó el cambio de indumentaria.

Don Isra..

miércoles, 16 de abril de 2008

Mi Tocayín.

Es una criatura como de cinco o seis años.
Aparentemente padece de parálisis cerebral parcial.
Es extremadamente delgado, pero de buen color. Las greñillas seguramente cortadas por su madre, le cuelgan lacias y abundantes por la frente, las patillas y la nuca.
Tiene la mirada triste, pero la sonrisa fácil y una carcajada entrecortada pero contagiosa.
Se llama Israel, será por eso que desde el primer día nos caímos bien.

Cuando viene con su padre, un hombre joven con apariencia de obrero, se pasa dentro del mostrador. Le encanta aporrear la calculadora hasta llenar de números la pantalla y luego con un gritito la apaga y ríe contento . Según él me ayuda a dar el cambio pasándome puños de monedas y buscando mi mirada que siempre es de aprobación.
Habla con dificultad, lento y flojo. Quiere decirme Don Isra y le sale un Donilla; entonces yo apuntándole con el dedo le digo como reclamando: Ah si? conque Bonilla eh? y suelta la carcajada.
Se despide sonriendo y diciéndome adiós con su mano de dedos largos y delgaditos.
Cuando viene con su mamá no. Como que la señora es más estricta.
-¡ Siéntate ahí y no des lata ! ¿O quieres que te ponga a estudiar?
Y sentado mi Tocayín con la cabeza le dice que no y me suelta una mirada triste como diciendo:
Ni modo Donilla, hoy no te ayudo..
Sale de la mano de la señora con la cabecilla baja y con ese caminar donde parece que a cada paso van a chocar las rodillas,con sus pantalones muy holgados y sus tennis maltratados y aparentemente grandes.
Pero ya vendrá otra vez de la mano del papá y volveremos a nuestra simple y divertida broma:
Ah si? conque Bonilla eh?

Sin duda es un ser de los que verán a Dios.

Don Isra..

viernes, 21 de marzo de 2008

Anécdotas de Galeana

El edificio donde ahora se encuentra la biblioteca Iberoamericana en la esquina de Colón y Pedro Moreno antes albergó a la oficina central de Telégrafos aquí en Guadalajara.
Como originalmente fué construído para Iglesia, es una nave enorme de una cuadra de longitud, que abarca de Colón a Galeana, con unas bóvedas altas y una acústica como para disfrutar un concierto de música sacra con órgano y coros.
Pero con aquellos atributos el sonido de 15 teletipos , los aproximadamente 50 sonadores del sistema morse, las máquinas de escribir, los teléfonos, las sumadoras (que entonces eran de aquellas de palanca) y demás ruidos de una oficina donde nos movíamos unos cien fulanos incluidos los usuarios, se convertía en un verdadero estruendo.
Varios compañeros se vieron afectados de sus facultades mentales por aquel ruidajal,
aunque con una temporada en el hospital de los Juaninos de Zapopan se les volvía a acomodar el entramado cerebral y volvían a la carga.
Sabe en que consistiría el tratamiento, porque regresaban gordos todos.

Uno de ellos fué el Gordito Castillo, que laboraba en las mesas de radio en un tapanco que se había habilitado pegado a la escalera de caracol que llevaba al campanario y a la azotea y que era como un tercer piso de madera.
Una tarde como a las cinco habla por el interfono el Pelón Gutiérrez que también estaba en el tapanco:
-¡¡Dile a Miguel (que era el jefe de servicio) que venga pronto el Gordo se destrampó, se quiere aventar por la ventana!!
A trancos subió Miguel la escalera y encontró al Gordito Castillo a gatas debajo de la mesa de radio y al Pelón tratando de apaciguarlo.
Nomás vió a Miguel, se levantó el Gordito y arrejolandolo contra la pared le imploraba:
-¡¡Jefe, jefe hablale al Gobernador, hablale al Gobernador...dile que por favor me conmute la pena de muerte por cadena perpetua , pero ya...!!

Con la ayuda de Maru entonces su novia y después su esposa se pudo bajar al Gordito, todo desaliñado y tembloroso, al que ya esperaban los enfermeros Juaninos.

Regresó listo para la otra, pero más gordito.

Don Isra..

domingo, 17 de febrero de 2008

Antes de que se me olviden..


En la tienda de abarrotes:

Estudiante de la secundaria llegando a la carrera:

--Don Isra ¿Me vende diez bolsitas de medio de a kilo?
(¿Alguna medida nueva que yo no conozco?)

Ama de casa con su primera mascota comprándole alimento:

--¿Me da diez pesos de pedigreé para cachorro adulto?
(¿Habrá también Gerber para bebé maduro?

Clienta cuarentona:

¿Vende toallas sanitarias individuales?
(¡Gulp! ¿Hay colectivas?)


Don Isra..

domingo, 3 de febrero de 2008

En aquel tiempo......

En todas las películas de tipo religioso los personajes hablan con tonos de voz humilde, con la mirada tranquila, sumisos, con las manos metidas en las mangas de su holgado atuendo, expresándose con sentencias y parábolas, saludandose con fraternal abrazo y beso en la frente. Querido hermano esto...respetado Señor esto otro, honorable ministro... y puras de esas

Bueno, en cuanto a los apóstoles, pienso yo que ese tipo de actitudes las adquirieron después de que los reclutó el Maestro. Porque antes de trabajar de apóstoles eran pescadores y el lenguaje de los pescadores aqui y en China no se distingue precisamente por sus florituras.

No, y que bueno que aprendieron bien la nueva manera de expresarse con propiedad bíblica, porque que tal si en una de sus reuniones donde les estuvieran explicando que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico llegue al reino de los cielos (ahá) a cualquiera de ellos se le sale un:

-Uta tu Melquiades, ya báñate ca....apestas a puro sobaco de húngara....

Como que no..¿verdad?

Don Isra..

¡Dios salve a Mamá Pilla!

Hay pueblos donde dá gusto detenerse a comer. Zacoalco es uno de ellos.
El autobús se detenía en la placita. Justo enfrente del mercado. El chofer hacía como que revisaba el vehículo, el agua, el aceite, el aire de las llantas etc. mientras el cobrador se dejaba ir al mercadito a traerle las gusgueras.
Los que ya sabíamos la rutina, también nos bajabamos y era un gusto ver aquello:
Gorditas con atole, tamales, enchiladas, menudo, pozole, birria, sopes, camotes y calabaza enmielados, y fruta mucha fruta de toda...
Yo me surtía de suficientes sopitos y un buen vaso deshechable de atole bien calientito.
Como las mañanas eran frías, me acurrucaba en mi asiento (por lo regular iba solo el camión a esa hora) y esto era disfrutar de aquel manjar matutino y de la estimulante vista de la laguna seca y a lo lejos el nevado y el humeante volcán de fuego enmarcados por unas nubes color de rosa y un cielo de un azul purísimo.

Otra cosa es Sayula. Ahí no hay nada. Es un pueblo con mucha historia, donde nacieron personajes ilustres como Juan Rulfo o el Pbro. Severo Díaz de quien se dice que ha sido el único en predecir y acertar el acontecimiento de un terremoto entre otras cosas significativas que realizó. Pero en cuestiones de comida, nada...
Un mercadón sombrío, semivacío, con unos cuantos puestos de verduras, y una sola fonda con un menudo chirrio y una carne chiclosa.
Cuando estuve ahí dándole vacaciones al entrañable viejo Don Isaaaaac Teeeeerán (así lo llamaba yo cariñosamente) almorzaba unos tacos en un puestecillo ambulante afuera del mercado. Estaban más o menos. O mejor aquí se aplicaba aquello de que : "Con buena hambre, no hay mal pan". A mediodía si le batallaba. Un lonche un día, fruta otro, hasta que....
¡¡Apareció mi Angel de la Guarda!! (De quien ya tengo dicho que le debo aumento de sueldo desde sabrá Dios cuando, pues siempre, siempre llega cuando aprieta la situación).

Ese día el compa cartero me vió deambulando por los portales en busca de la pitanza y me dijo:
-¿Por que no se asiste con Mamá Pilla? Ahí comen varios maestros y unos que trabajan en la carretera.
Mi compa cartero se va a ir al cielo con todo y botas.

Mamá Pilla era una señora de unos cincuenta y tantos o sesenta años. Blanca, delgada de estatura mediana, con el pelo canoso recogido en un chongo que sujetaba con una peineta, antiparras redondas con arillos dorados, por donde asomaban unos ojillos vivaces y risueños.Vestida siempre con ropas jaspeadas de azul o de negro, cuello hasta arriba mangas de tres cuartos, y falda a una cuarta abajo de la rodilla, medias negras, zapatos cerrados y con un taconcillo.
La casa era de esas antiguas, con su zaguán, su pasillo, su cancel de hierro, su corredor con pilares enmarcaban el patio lleno de macetas y jaulas con pájaros al fondo estaba el comedor y a un lado la cocina. Esta era también de las que todavía tenían pretil con hornillas. Como ya tenía su estufa de gas en el pretil estaban el molcajete, el metate, ollas grandes de barro, para fermentar el tepache de piña, o los cueritos curtidos en vinagre y en la pared semicírculos de jarros y cazuelas todos ordenados por su tamaño.
Su comida era (permítaseme el barbarísmo) ¡Más que excelente!
Cuando llegábamos todos juntos a la hora de la comida entre risas y carreras a sentarnos al comedor, desde la cocina Mamá Pilla nos gritaba riéndose:

-Iralos, se amanadan....(Supongo que quería decir que llegábamos en manada)

Don Isra..