Era Don Federico un estimado y respetado hombre de campo en la La Labor de Solís.
Sembraba cacahuate y garbanzo (guasanas) en su terrenito de la falda del cerro de Ameca.
Casado con Doña Amalia, y acompañados de su hijo Mateo que no se había ido todavía al norte con sus otros hermanos porque estudiaba la secundaria en el cercano San Antonio a donde diario iba y venía en bicicleta, vivían modesta pero tranquilamente en aquel caserío.
Y allá iba Don Federico muy temprano con paso ligero, su sombrero de palma, su chamarrita y su pantalón de mezclilla, sus huaraches, la bolsa de mecate con su bastimento y su casanga.
-BuenosdíasledéDios Don Federico-
-Buenos días Chayito ¿ya vas al molino? que te vaya bien....
-Buenos días Don Fede ¿ya tan temprano?
-Si pues, ya ve que dicen que al que madruga....
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Murió Doña Amalia y Mateo se fué al norte con sus hermanos que ya le había contratado al coyote y conseguido chamba. Y así Don Fede se quedó solo en su casita y con su siembra
descuidada.
-Vengase pacá compadre, pá Guadalajara ¿Ya que está haciendo usté solo? Ire, allí cerca de onde yo trabajo están necesitando gente, es una compania gringa ¿quihubo, se anima?
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¡Orale pinche Federruco no te duermas güey, abre la puerta! Le grita desde afuera un camionero.
-Iralo, te dije coca, coca, coca no pepsi. De plano ya stás medio siquis. Le reclama un mozalbete.
Y allá va el otrora estimado y respetado Don Federico, vistiendo su pantalón negro con una raya gris a los costados, una de sus camisas viejitas abrochada hasta el pescuezo, con una chamarra de tela brillosa blanca con vivos rojos y unas letrotas que dicen PALMAC, sus tennis de marca pirata y su cachucha esa si nueva, que le consiguió su compadre el de la otra fábrica, con paso cansado y mirada perdida a sentarse debajo del tejabancito que le asignaron en su puesto de velador en la noche y mandadero en el día.
Don Isra..
domingo, 15 de junio de 2008
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